Estábamos presentes.

305634_3940703200372_1415530133_nY cuando éramos niños estábamos presentes.

Los tres tiempos se arrugaban

en un momento,

en la punta de un dedo índice,

en los surcos de un dígito.

Tocarte era estar, respirar, ser.

Pero es que ahora ya no quiero tocarte

prefiero mirarte desde lejos e imaginarte.

Porque ahora hablamos y no nos tocamos.

Hablamos para crear un mundo de palabras, serpientes y guirnaldas.

Y crujen los cadáveres bajo mis pasos.

– crepitar de insectos y cuerpos viscosos -.

Cuando éramos niños, eran invisibles.

Ahora me miro al espejo y solo veo lo que quiero ver.

Pero el reflejo que hay en tus ojos no es el mismo…

no soy quien solía ser, no soy quien seré, quien fuera, quien quisiera.

Solo soy una sombra de lo que quería, un espectro de lo que esperaba mí mismo de ti mismo de mi

¿Cómo mides el reflejo en lo que queda de espejo

partido?

¿Quién soy si nunca fui lo que esperaba?

Quien soy si soy, pero soy. Soy peros, luegos, desapegos.

Un día voy a escalar hasta el sol y derretirme.

Y yo arrojo palabras – y tu las arrojas también, lo sé, las he oído-

y yo arrojo palabas sin arropar y una vida no basta para que cubran el camino entre nosotros.

Una vida no basta de atardeceres y desapareceres.

Una vida donde hay demasiado y demasiado poco.

no basta para volver a ese punto que perdimos

donde el entendimiento del mundo cabía

en el tacto de un solo dedo sobre la piel.

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